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viernes, 23 de enero de 2009

BAILANDO CON FEMINISTAS

Proyectil Fetal y FlowerPower (dedicado a todxs lxs que nos miran hacer y claro, bailar…)
www.proyectilfetal.blogspot.com
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proyectilfetal@gmail.com

by Alix Kates Shulman[Publicado en Women's Review of Books, Vol. IX, no. 3, Diciembre 1991.]
"Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa” dijo Emma Goldman (1869-1940), heroína feminista, activista anarquista, editora, escritora, maestra, exconvicta y agitadora quilombera buscapleitos en general.
¿Lo dijo realmente? Quizás pronunció: “Si no puedo bailar no quiero ser parte de tu revolución” como quedó escrito en una remera con la cara de una Emma recatada vistiendo un sombrero de ala ancha. ¿O quizás lo que dijo fue “Si no puedo bailar no es mi revolución”, tal como aparece citado en 1983 en el "no sexista pero tradicional“ Hagadá de Pésaj[1]?


De hecho, aunque la idea sí es de Emma Goldman, sobre la que habló y actuó en consecuencia, ella no escribió ninguna de las citas anteriormente mencionadas; a pesar de que todas y cada una de estas versiones- y más aún- han aparecido en pins, posters, carteles, remeras, calcomanías, libros y artículos durante 20 años. Lo que sí realmente dijo en 1931 en su autobiografía Viviendo mi Vida (Living My Life) fue lo siguiente:

En los bailes yo era una de las incansables y de las más alegres. Una noche un primo de Sasha [Alexander Berkman], un jovencito, me hizo a un lado. Con cara seria, como si me fuese a avisar de la muerte de unx queridx compañerx de lucha, murmuró que no era apropiado que una agitadora como yo bailara. Ciertamente no con tanto desparpajo y relajo. Era indigno especialmente de alguien que estaba camino a convertirse en una poderosa fuerza dentro del movimiento anarquista. Mi frivolidad sólo podía dañar La Causa. Me enfurecí ante la impúdica interferencia del muchacho. Le dije que se metiera en sus asuntos, que estaba cansada de que se me enrostrara La Causa todo el tiempo. No creía que La Causa que representaba un hermoso ideal, el anarquismo, la liberación y la libertad, la emancipación de las convenciones y los prejuicios demandara la negación de la vida y el goce. Insistí que nuestra Causa no debía esperar que me hiciera monja, y que el movimiento no debía convertirse en un claustro. Si significaba eso, entonces no la quería. “Deseo libertad, y derecho a la auto- expresión, el derecho de cada unx a cosas bellas y radiantes”. El anarquismo significaba eso para mí, y lo viviría así a pesar de las prisiones, las persecuciones, de todo. Sí, incluso en contra de la condena de mis propixs compañerxs de lucha, yo viviría mi propio ideal. [Living My Life (New York: Knopf, 1934), p. 56]

Como quizás tenga, inadvertidamente e indirectamente, alguna responsabilidad sobre la extrapolación del texto auténtico a la familiar paráfrasis, quiero confesar y aclarar la cuestión. Esto fue lo que pasó. En algún momento a principios de 1973 recibí un llamado de un tal Jack Frager, un viejo anarquista que trabajaba en un centro anarquista de la calle Lafayette 339 en Lower Manhattan, EEUU.—un edificio donde aún hoy varios grupos radicales, incluyendo anarquistas y La Liga contra La Guerra ( The War Resisters League), tienen sede. Como muchxs activistas radicales del período anterior a las publicaciones de escritorio, Jack era un tipógrafo; y tuvo la idea original de recaudar fondos para La Causa imprimiendo remeras de Emma Goldman para pregonar en Central Park durante el multitudinario festival que celebraría el fin de la guerra de Vietnam. Tras haber escuchado hablar a lxs anarquistas del feminismo de Emma Goldman (después de años de oscuridad durante los cuales no se publicaron sus trabajos, Emma repentinamente volvería a ser el centro de atención del ojo público como heroína por la liberación de la mujer), Jack me estaba llamando, entonces, para pedirme ayuda.

Yo acababa de publicar dos libros sobre Emma: una biografía y una colección de ensayos, ambos con fotos de ella. Jack quería saber si yo sería tan amable de prestarle una de las fotos junto con una frase o eslogan para las remeras.

Encantada con la oportunidad de promocionar el lado feminista de Emma, particularmente entre aquellxs que se hallaban reacixs a compartirla con cualquier movimiento que no fuese estrictamente el anarquista, le ofrecí una linda foto de Emma sin sombrero y con gafas; y le di varias citas, incluído el párrafo del episodio del baile, que me parecía encarnaba su espíritu más feminista. ¿Le propondría la frase “libertad, el derecho a la auto-expresión y el derecho de cada unx a cosas hermosas y radiantes? Quizá. En gratitud, Jack me daría todas las remeras que quisiera, al costo.

Varios días después, cuando pasé a buscar las remeras, me sorprendió encontrar la historia del baile de Emma sucintamente abreviada en la remera- la primera (y más común) de las versiones del ahora famoso eslogan: “Si no puedo bailar no quiero ser parte de tu revolución”.

Busqué el texto de Emma para hallar, en vano, la cita. Pero Jack estaba tan contento y Emma lucía tan animada en rojo y negro sobre remeras de todos los colores, que no tuve valor para cuestionarle el tema del eslogan en nombre de la verdad académica. Después de todo, la cita apócrifa iba a aparecer en una remera que no requiere las mismas normas de precisión que los libros, las contratapas, las reseñas. El sentimiento era el de una Emma de pura cepa.
Pero la historia (y la moda) explotó en esos hambrientos días de feminismo y el eslogan en la remera original pronto se dispersó y fue copiado y difundido por el mundo entero, a veces sin siquiera la corroboración de la frase “original” que fue cambiando a modo de Teléfono Descompuesto[2], a tal punto que las livianas libertades que Jack se había tomado respecto a la cita volaron y se diseminaron hasta alcanzar el reino de los mitos.
Cuando les regalé a todxs mis amigxs las remeras que me correspondían-incluso la mía propia- que ya estaba muy usada y harapienta- me compré otra. La nueva remera, adquirida en una librería, tenía una nueva imagen de Emma Goldman, esta vez con su sombrerito de alitas, y una nueva versión de la legendaria frase- incluso una diferente de aquella que a veces aparece en los pins.

De todas formas, si no podés usar lo que te viene en gana, ¿quién va a querer ser parte de tu revolución?
[1] La Hagadá de Pésaj es uno de los textos más íntimamente ligados a todas aquellas costumbres, tradiciones y sentimientos que conforman y reflejan la esencia misma del judaísmo. Y le dirás a tu hijo ese día: “Es a causa de lo que hizo conmigo el Eterno, cuando salí de Egipto” (Éxodo 13) Este versículo da origen y justificación a la Hagadá, el relato de la liberación del pueblo de Israel y el cual constituye el punto crucial de la festividad de Pésaj. La palabra Hagadá posee en hebreo el doble significado de “narración” y “leyenda”. Sin embargo, narración y leyenda no son conceptos incompatibles ni excluyentes. Narración sugiere relato verídico y exacto. Pero leyenda va más allá de lo que es la verdad simple y franca para elevarnos al nivel de la moraleja y de la enseñanza. Y de ese modo, nos hace ver lo que hay oculto y detrás de la mera descripción de los hechos y de los acontecimientos. Por otro lado la palabra Pésaj está llena de numerosos significados y diversas interpretaciones, y mucho se puede decir acerca de ella. En hebreo quiere decir “Pascua”, y se refiere en particular a la “Pascua de los Panes sin Levadura”. Pero en su sentido literal la palabra Pésaj significa “pasar por alto”, y en este caso se refiere a la protección que brindó Dios a los hogares de los israelitas, en vísperas de su liberación, salvándolos de todo peligro. Pésaj también significa “cordero”, en alusión al sacrificio ritual llevado a cabo antes de la salida de Egipto, que señaló la compenetración espiritual del Pueblo de Israel con el Todopoderoso. Por medio del simbolismo de este importante sacrificio, el Pueblo de Israel ligó a Dios eternamente su existencia y su destino. La palabra Pésaj es también sinónimo de la “salida de Egipto”. También del “fin de la servidumbre” y del “nacimiento de una nación”. Pero además, y sobre todas las cosas, Pésaj significa “libertad”. Libertad que por obra de Dios llegó a un mundo sin esperanzas, que se hallaba para aquel entonces sumido en la idolatría, en la ignorancia y en la esclavitud.<>
[2] Teléfono Descompuesto es un juego sencillo y no competitivo, el cual es jugado generalmente por niños y niñas. En este juego los varios participantes se divierten al escuchar como un mensaje se va distorsionando

sábado, 15 de noviembre de 2008

Látigo en mano, Emma Goldman feminista y crítica del feminismo




Por Proyectil Fetal
http://www.proyectilfetal.blogspot.com/
http://uk.mc655.mail.yahoo.com/mc/compose?to=proyectilfetal@gmail.com
http://argentina.indymedia.org/news/2008/11/638244.php

La pequeñez separa, el aliento une, seamos amplias y grandes.
Emma Goldman



La vieja y querida Emma Goldman, a lo largo de su extensa y prolífica carrera dentro del movimiento anarquista del siglo XX, ha producido gran cantidad de textos políticos a los cuales lxs activistas vuelven con mucha menor asiduidad con la que visitan a otros pensadores ácratas. Usualmente estos textos de Goldman son criticados por el feminismo de izquierda por ser justamente lo que son: texto de arenga anarquista en la barricada misma. Proyectil Fetal toma el pensamiento de Emma Goldman, no acriticamente cual gospel libertario, sino para hacerlo vivir en su discusión hoy, y para rescatar la capacidad especial de Emma de meter el dedo allí en la llaga misma del feminismo mainstream de su época y, al mismo tiempo, de oponerse a las prácticas de sus propios compañeros de militancia del movimiento anarquista látigo en mano.
En los textos de Goldman siempre se encuentra una preocupación por la pasión, la alegría y el compartir los cuerpos eróticamente, conceptos claves de la realización de las personas sin los cuales la lucha y la revolución social no pueden realizarse. Aun hoy estas nociones- que en si misma y para su época son de una innovación y radicalidad sin precedentes- superan ampliamente las conceptualizaciones habituales sobre el amor libre anarquista que no llegan a traspasar el límite de formar pareja pero sin contrato legal.
Ahora bien, las nociones más brillantes del pensamiento y acción de Goldman se ven opacadas en una maraña de ideas a veces un poco baladí sobre el rol de la mujer. Es menester encontrar incluso en esos párrafos saturados de romanticismo las figuras de pensamiento que anticiparon conceptos que el feminismo de la segunda ola hizo propios (como la doble jornada, que explicaremos más adelante) o su crítica profunda y audaz al primer feminismo (sufragista) que devendrá feminismo de la igualdad, para devolverle a Goldman su interés por el pensamiento de emancipación de las mujeres. Incluso más, muchas veces Emma Goldman es incorrectamente interpretada por el propio movimiento anarquista[1] cuando toma su crítica cabal al feminismo más popular de su época, anteriormente mencionado, como una crítica a todo el movimiento de emancipación de la mujer al cual tildan de burgués.
Una de las afirmaciones más lúcidas que se puede leer en los textos de Goldman es justamente que no hay un solo feminismo, sino muchos, y no todos tienen el valor y el coraje para cambiar profundamente las estructuras de poder y dominación que habitan en los corazones, incluso de las mujeres. Por ejemplo, en el texto titulado La tragedia de la emancipación de la mujer de 1911 -cf. http://argentina.indymedia.org/news/2008/11/637529.php- ella afirma y visibiliza un eje fundamental del pensamiento anarco queer, a saber: que “El derecho al voto o a la igualdad de derechos civiles pueden ser buenos reclamos pero la verdadera emancipación no empieza ni en las cortes ni en las urnas. Comienza en el alma de la mujer[2].” O por ejemplo, “Ahora la mujer se enfrenta a la necesidad de emanciparse de la emancipación, si realmente quiere ser libre. ¿Qué ha logrado con su emancipación? Sufragio universal en algunas regiones. ¿Purificó eso nuestra vida política, como predijeron muchos bien intencionados defensores? Ciertamente no.” Es usual que frases como estas sean entendidas en desmedro de todos los feminismos a los que se clasifica en bloque como “burgueses” o “reformistas”, y hasta peligrosos para la finalidad de la emancipación de toda la humanidad. Por el contrario, sostenemos que afirmaciones como esta y otras ([la emancipación] “Tendrá que deshacerse de la absurda noción del dualismo de los sexos o del que el varón y la mujer son mundos antagónicos.”) predicen la lucha que hoy encara cierto activismo anarcoqueer contra el dualismo de los géneros y el separatismo de los sexos.
Asimismo, otro de los grandes momentos de este texto[3] advierte sobre dos cuestiones fundamentales: una de pura cepa anarquista- la abolición de toda forma de trabajo asalariada-, y la otra, del feminismo más contemporáneo- la doble jornada laboral, que puede ser entendida como las tareas domésticas (obviamente no remuneradas e invisibilizadas) que las mujeres realizamos en nuestros hogares tras retornar a la “paz” después de un largo y agotador día de trabajo a la par del varón, tareas que, como si fuera poco, se suponen como naturales y propias de las mujeres, y que solo son superadas, en el caso de las que pueden pagarlo, mediante la explotación de otra mujer (empleada doméstica, también conocida como mucama, sirvienta, o simplemente como “la chica”) que “ayuda” en el hogar para que la mujer emancipada económicamente pueda realizarse en su vida profesional, y cuya culpa algunas “feministas” de hoy lavan sacando breves columnas editoriales que critican la ley de trabajo doméstico para estas empleadas en el territorio argentino. La bella indignación anarquista de Emma Goldman no solamente plantea la doble jornada laboral como consecuencia inevitable -en el actual ordenamiento económico- político y en otros que conservan el Estado como forma de transición- de la emancipación sufragista de la mujer sino también desenmascara el doble discurso y la hipocresía de buena parte de los feminismos que derivan de sus hermanas sufragistas, que basan su realización en la explotación de otra mujer, como dijimos antes[4].
El feminismo de Goldman, lo haya o no llamado así para diferenciarse de aquellas a las cuales estaba criticando, inaugura un espacio que hoy lamentablemente no es a menudo ocupado por mujeres que se autodenominen anarquistas, sino por otras que revisan a fondo los presupuesto básicos (y cómodos, a esta altura que la cuestión de la mujer forma parte de las políticas y las agendas de Estado) del feminismo políticamente correcto y/o institucionalizado, que redunda en pacata reducción de toda violencia de género a un mal intrínseco e inmanente a todo otro sexo que no sea aquel biopoliticamente denominado “mujer” en la sala de la corporación médico-jurídica, en especial, los varones y en una fuerte represión sexual que no ha hecho nada por el libre ejercicio de la sexualidad de las mujeres y el uso creativo de sus placeres [5].
¿Qué pasó en el seno mismo del anarquismo más difundido cuando seguimos repitiendo conceptos como que la abolición de todas las inequidades de género será obtenida únicamente tras la revolución social y que hoy por hoy la lucha por la emancipación radical y total de las mujeres y de toda expresión de género subalterna no tiene sentido puesto que “somos todxs iguales para la anarquía”? Esta unidad se torna falsa y peligrosamente cercana a la cuestión principal y secundaria que afirma el marxismo, porque no se unen las individualidades realmente en el aliento por el cual abogaba Goldman sino que muestra la negativa de muchos a deshacerse de sus privilegios de género/sexo para lograr devenir realmente libres e iguales.
Cerremos simplemente con otras destacadas palabras de Goldman que también son aplicables a nuestro anarquismo local no para considerarlo torpemente misógino como hace el feminismo de la izquierda partidaria para captar adeptas a su secta y el progresista para justificar su reformismo, sino para hacerlo crecer y dar el famoso paso adelante que se propone en esta misma frase: “Ciertamente, el movimiento por los derechos de la mujer ha roto muchas cadenas pero también ha forjado nuevas… Necesitamos deshacernos de nuestras viejas tradiciones y hábitos. El movimiento de la mujer, solo ha dado el primer paso. Esperemos que junte coraje para dar el próximo…La mujer debe aprender esa lección, y ser conciente de que su libertad llegará tan lejos como llegue su capacidad para lograrla. De allí que es más importante que ella comience con su regeneración interior para liberarse del peso de los prejuicios, las tradiciones y las costumbres.”
Si, Emma, esperamos, y hacemos el mismo tiempo.

[1] También es usual ver esta interpretació n, en nuestra opinión, incorrecta en los trabajos que la academia produce en torno a la temática anarquista de género que soslaya que el anarquismo, afortunadamente, carece de doctrina o libro canónico unificado y, por ende, no es anti feminista o contra feminista per se, como algunas teóricas quieren, convenientemente para si mismas, hacer ver, tan solo basándose en alguna opinión poco feliz de alguno de los muchísimos pensadores anarquistas que reflexionaron en torno a “la cuestión de la mujer” expresaron.
[2] Esta crítica a los derechos civiles bien puede ser aplicada a las luchas actuales de la mayoría activistas GLTB a nivel internacional y local que buscan el derecho a poder ser una familia pequeño-burguesa normal con todas las de la ley.
[3] “Y todas aquellas que alcancen la deseada igualdad generalmente lo hacen a expensas de su bienestar físico y psíquico. Y para la gran masa de mujeres trabajadoras, ¿cuánta independencia se gana si la estrechez y falta de libertad del hogar es reemplazada por la estrechez y falta de libertad de la fábrica, las tiendas o la oficina? Mas aún después de un duro día de trabajo, está la carga de ocuparse de un “hogar dulce hogar”- frío, atemorizador, desordenado, poco acogedor. ¡Gloriosa independencia! No es sorprendente los cientos de jóvenes dispuestas a aceptar la primera oferta de matrimonio hartas y cansadas de su “independencia” detrás de un mostrador, una máquina de coser o de escribir.”
[4] “Cada movimiento que tiene por objetivo la destrucción de las instituciones existentes y su reemplazo con algo más avanzado, más perfecto, tiene sus seguidorxs que en teoría sostienen las ideas más radicales, pero quienes, sin embargo, en sus prácticas diarias, son como el filisteo promedio fingiendo respetabilidad y pidiendo a gritos que sus enemigos lxs consideren con respeto. Hay socialistas y anarquistas incluso que abogan a favor de la idea de que la propiedad privada es robo, y sin embargo se indignarían si alguien les debe el valor de una docena alfileres.”

[5] “El gran movimiento de verdadera emancipación no se ha encontrado con una gran raza de mujeres que puedan mirar la libertad a la cara. Su visión estrecha y puritana ha desterrado de su vida emocional al varón como personaje molesto y dudoso.”

martes, 11 de noviembre de 2008

La tragedia de la emancipación de la mujer de Emma Goldman


















Proyectil Fetal y Flowerpower

traduccion : Proyectil Fetal y Flowerpower
















Comienzo con una concesión: independientemente de todas las teorías políticas y económicas, que tratan las diferencias fundamentales entre varios grupos dentro de la raza humana, independientemente de la distinción de clase y raza, independientemente de los límites artificiales entre los derechos de la mujer y del varón, sostengo que existe un punto donde estas diferenciaciones pueden converger e integrarse en un todo. Con esto no pretendo proponer un tratado de paz. El antagonismo social general, que ha tomado toda nuestra vida pública, causada por la fuerza de intereses contradictorios y opuestos, se desmoronará cuando la reorganización de nuestra vida social, basada en principios de justicia económica, sean una realidad.

La paz y la armonía entre sexos e individuos no depende necesariamente de una equiparación superficial de los seres humanos, ni tampoco demanda la eliminación de rasgos y peculiaridades individuales. El problema es, en comunión con lxs demás, conectarse profundamente con todxs lxs humanxs y aún así mantener las propias características individuales. Esta me parece que es la base sobre la que masa e individux, el varón y la mujer pueden converger sin antagonismo ni oposición. El lema no debería ser “Perdónense” sino más bien “Entiéndanse”. La famosa frase de Madame de Stael
[1]: “Entender todo significa perdonar todo” nunca me ha gustado, tiene olor a confesión, perdonar al prójimo transmite la idea de superioridad farisaica. Es suficiente con entender al otrx. Esta concesión representa parcialmente el aspecto fundamental de mis ideas sobre la emancipación de la mujer y sus efectos sobre el sexo en su totalidad.
La emancipación debería hacer posible que la mujer sea humana en el sentido más verdadero del término. Todo lo que dentro de ella anhele afirmación e iniciativa o agentividad debería alcanzar su máxima expresión, todas las barreras artificiales deberían romperse, y el camino hacia una mayor libertad despejado de toda huella de siglos de sometimiento y esclavitud. Este fue el objetivo original del movimiento para la emancipación de la mujer. Sin embargo, los resultados hasta ahora obtenidos han aislado a la mujer y la han despojado de la fuente de su felicidad esencial. La emancipación puramente externa convirtió a la mujer moderna en un ser artificial, que nos recuerda a uno de los productos de la arboricultura francesa con sus árboles de arabescos y arbustos, pirámides, ruedas, coronas, cualquier cosa excepto las formas que alcanzaría a través de la expresión de sus propias cualidades internas. Hay muchas de estas plantas de sexo femenino artificialmente engendradas especialmente en la así llamada esfera intelectual de nuestra vida.
¡Libertad e igualdad para la mujer! Cuales fueron las esperanzas y aspiraciones que estas palabras despertaron cuando fueron pronunciadas por primera vez por algunas de las almas más nobles y valientes de aquellos días. El sol con toda su gloria iba a elevarse sobre un mundo nuevo, en este mundo la mujer iba a ser libre para dirigir su propio destino- uno objetivo ciertamente digno de gran entusiasmo, coraje, perseverancia, e incesante esfuerzo, albergado por los primeros varones y mujeres, que apostaron todo contra un mundo de prejuicio e ignorancia.
Mis esperanzas también se dirigen hacia ese objetivo, pero sostengo que la emancipación de la mujer, tal como se la interpreta y aplica hoy, ha fracasado. Ahora la mujer se enfrenta a la necesidad de emanciparse de la emancipación, si realmente quiere ser libre. Esto puede sonar paradójico pero es la pura verdad.
¿Qué ha logrado con su emancipación? Sufragio universal en algunas regiones. ¿Purificó eso nuestra vida política, como predijeron muchos bien intencionados defensores? Ciertamente no. A propósito, es tiempo de que aquellas personas con sólido razonamiento cesaran de hablar acerca de la corrupción en la política con aires de pedantería. La corrupción política nada tiene que ver con la moral o la laxitud de la moral de las personalidades políticas. Su causa es material. La política es el reflejo del mundo comercial e industrial cuyos lemas son “Tomar es mejor que dar”, “Compra barato y vende caro”, “Una mano manchada lava la otra”. No hay esperanzas de que la mujer con el derecho a voto purifique la política.
La emancipación trajo la equidad económica entre el varón y la mujer, es decir, ella puede elegir su propia profesión, un oficio, pero como su entrenamiento físico ni pasado ni presente la dotó de la fuerza necesaria para competir con el hombre, ella se ve obligada a extinguir sus fuerzas, consumir su vitalidad, y tensión a cada nervio para alcanzar el valor del mercado. Pocas lo logran, porque es un hecho de que las maestras, las médicas, las abogadas, las arquitectas, y las ingenieras- teniendo la misma confianza que sus colegas varones- no reciban la misma remuneración. Y todas aquellas que alcancen la deseada igualdad generalmente lo hacen a expensas de su bienestar físico y psíquico. Y para la gran masa de mujeres trabajadoras, ¿cuánta independencia se gana si la estrechez y falta de libertad del hogar es reemplazada por la estrechez y falta de libertad de la fábrica, las tiendas o la oficina? Mas aún después de un duro día de trabajo, está la carga de ocuparse de un “hogar dulce hogar”- frío, atemorizador, desordenado, poco acogedor. ¡Gloriosa independencia! No es sorprendente los cientos de jóvenes dispuestas a aceptar la primera oferta de matrimonio hartas y cansadas de su “independencia” detrás de un mostrador, una máquina de coser o de escribir. Están tan dispuestas a casarse como chicas de clase media que anhelan quitarse el yugo de la supremacía parental. La así llamada independencia que lleva a tan sólo alcanzar la mera subsistencia no gusta tanto, ni es tan ideal, como para que una mujer sacrifique todo. Nuestra tan preciada independencia es, después de todo, un proceso lento de embotamiento y endurecimiento de la naturaleza de la mujer, de su instinto de amor y de su instinto maternal. Sin embargo, la posición de la joven trabajadora es más natural y humana que aquella de su aparentemente más afortunada hermana profesional-maestras, físicas, abogadas, ingenieras- , que tiene que tener una apariencia digna y apropiada mientras la vida interna crece vacía y muere. La estrechez de la concepción existente de la independencia y emancipación de la mujer, el miedo a amar a un hombre que no es de su clase social, el miedo a que el amor le sustraiga la libertad y la independencia, el horror de que el amor o la dicha de la maternidad sólo la limite en el completo ejercicio de su profesión: todo esto junto hace de la mujer moderna emancipada sea una virgen vestal, ante la cual la vida, con sus grandes penas clarificadoras y sus profundas extasiantes felicidades, se desarrolla sin tocarle o arrebatarle el alma. La emancipación tal como la entiende la mayoría de sus exponentes y defensoras es demasiado estrecha como para permitir el amor sin barrera y el éxtasis contenido en la profunda emoción de la mujer verdadera adorable, madre en libertad.
La tragedia de la mujer económicamente independiente y emancipada yace en no demasiadas sino más bien pocas experiencias. Es cierto, ella supera a sus hermanas de las pasadas generaciones en el conocimiento del mundo y de la naturaleza humana, ella siente una profunda falta de esencia que por si sola podría enriquecer el alma humana, y sin la cual la mayoría de las mujeres se transforman en meras autómatas profesionales. Que tales acontecimientos habrían de acontecer fue previsto por aquellos que se dieron cuenta que, en el dominio de la ética, todavía quedaban muchas ruinas en desintegración de los tiempos de la superioridad indiscutida del varón, ruinas que todavía hoy se consideran útiles. Y lo que es más importante, un gran número de mujeres emancipadas no son capaces de relacionarse con ellas. Cada movimiento que tiene por objetivo la destrucción de las instituciones existentes y su reemplazo con algo más avanzado, más perfecto, tiene sus seguidorxs que en teoría sostienen las ideas más radicales, pero quienes, sin embargo, en sus prácticas diarias, son como el filisteo promedio fingiendo respetabilidad y pidiendo a gritos que sus enemigos lxs consideren con respeto. Hay socialistas y anarquistas incluso que abogan a favor de la idea de que la propiedad privada es robo, y sin embargo se indignarían si alguien les debe el valor de una docena alfileres.
Estxs filistexs también se encuentran en el movimiento de mujeres. Los periodistas amarillistas y los intelectualoides han plasmado imágenes de la mujer emancipada que le pondrían los pelos de punta a cualquier buen ciudadano y a su aburrida pareja. Cada miembro del movimiento de derechos de la mujer fue retratada como George Sand
* en su absoluto desacato a la moralidad. Nada era sagrado para ella. No tenía respeto por el ideal de relación entre el varón y la mujer. En resumen, la emancipación era vista como una vida temeraria de lujuria y pecado, independientemente de la sociedad, la religión y la moral. Las exponentes del movimiento de derechos de mujeres estaban indignadas por tal representación y sin humor, utilizaron todas sus energías en probar que ellas no eran así sino todo lo contrario. Por supuesto, mientras una mujer fuera la esclava del varón, no podría ser casta y pura, pero ahora que era independiente y libre probaría cuán buena podría ser y que su influencia tendría un efecto purificador sobre todas las instituciones sociales. Ciertamente, el movimiento por los derechos de la mujer ha roto muchas cadenas pero también ha forjado nuevas. El gran movimiento de verdadera emancipación no se ha encontrado con una gran raza de mujer que puede mirar a la libertad a la cara. Su visión estrecha y puritana ha desterrado de su vida emocional al varón como personaje molesto y dudoso. No se iba a tolerar al hombre bajo ningún punto, excepto al padre de su hijx, ya que unx niñx no podría desarrollar su vida correctamente sin un padre. Afortunadamente, las más rígidas puritanas no serán nunca suficientemente fuertes como para matar el deseo innato de maternidad. Pero la libertad la mujer está íntimamente relacionada con la del varón, y muchas de las así llamadas hermanas emancipadas tienden a pasar por alto el hecho de que unx niñx nacidx en libertad necesita el amor y la devoción de cada ser humano que le rodea, varón o mujer. Desafortunadamente, es esta concepción limitada de las relaciones humanas que ha causado la tragedia en las vidas del varón y mujer modernxs.
Hace 15 años apareció un trabajo de la brillante noruega, Laura Marholm
[2], titulado Mujer, un estudio de personalidad. Ella fue una de las primeras en llamar la atención acerca del vacío y la estrechez de la concepción existente de la emancipación de la mujer, y su efecto trágico en la vida interior de la mujer. En su trabajo Marlhom habla del destino de varias mujeres talentosas de fama internacional: el genio de Eleonora Duse[3], la gran matemática y escritora Sonya Kovalevskaia[4], la artista y poeta natural, Marie Bashkirtzeff[5] que muere joven. A través de cada una de las descripciones de las vidas de estas mujeres de tan extraordinaria mentalidad corre una estela marcada de deseos insatisfechos por una vida completa y hermosa, y la inquietud y soledad que resultan de su falta. De estos bocetos psicológicos magistrales unx no puede evitar ver que cuanto más alto el desarrollo mental de la mujer, más difícil es para ella encontrar una pareja que vea en ella, no sólo sexo, sino también a la amiga, al ser humano, a la camarada y a una individualidad fuerte, que no pierda ni un solo rasgo de ella. El varón promedio con su autosuficiencia, sus ridículos aires de superioridad como patrón de la mujer, es una imposibilidad para la mujer descripta en el libro de Laura Marholm un Estudio de Personalidad. Igualmente imposible es el hombre que no ve nada en ella sino su mentalidad y su genio, y que fracasa en despertar su naturaleza de hembra.
Se considera usualmente que un intelecto rico y un alma refinada son atributos necesarios de una personalidad profunda y hermosa. En el caso de la mujer moderna, estos atributos sirven de obstáculo para una afirmación completa del ser. Por más de 100 años la antigua forma del matrimonio basada en la Biblia, hasta que la muerte nos separe, ha sido denunciada como una institución que representa la soberanía del varón sobre la mujer de la completa sumisión a sus caprichos y órdenes y absoluta dependencia en su nombre y en su apoyo. Una y otra vez, se ha probado de manera concluyente que la antigua relación matrimonial restringía a la mujer a la función de sierva del hombre y reproductora de sus hijxs. Y aun así encontramos muchas mujeres emancipadas que prefieren casarse por las cadenas de la moral y el prejuicio social que condicionan y limitan su naturaleza.
La explicación de tal inconsistencia por parte de muchas mujeres avanzadas se encuentra en el hecho de que nunca entienden verdaderamente el significado de emancipación. Pensaban que todo lo que era necesario era una independencia de las tiranías externas: mientras que no se tenía en cuenta a los tiranos internos, mucho mas dañinos a la vida y al crecimiento- convenciones éticas y sociales- que parecen llevarse mucho mejor en las cabezas y los corazones de las exponentes más activas de la emancipación de la mujer, que en los corazones y las mentes de nuestras abuelas.
Estas tiranías interiores, en forma de opinión pública o del qué dirán, todxs lxs detectives de la moral llámense madres, tíos, hermanos, parientes, autoridades educativas y demás carceleros del espíritu humano ¿qué dirían? Hasta que la mujer no haya aprendido a desafiarlos a todxs, mantenerse firme en su posición e insistir sobre su ilimitada libertad para escuchar la voz de su naturaleza, ya sea que reclame el tesoro más grande de la vida, el amor por un hombre, o su privilegio más grande, el derecho a dar a luz, ella no podrá llamarse a sí misma emancipada.¿ Cuántas mujeres emancipadas son lo suficientemente valientes para reconocer que la voz del amor está llamando salvajemente latiendo en el corazón, demandando ser escuchada, ser satisfecha? El escritor francés, Jean Reibrach, en una de sus novelas, Nueva Belleza, intenta imaginar la mujer ideal, bella, emancipada. Este ideal está encarnado en una joven, una física. Ella habla con inteligencia y sabiduría de cómo alimentar niñxs, es amable y les administra medicamentos gratuitos a aquellas madres sin recursos. Conversa con un muchacho amigo acerca de las condiciones sanitarias del futuro y de cómo los bacilos y gérmenes varios serán exterminados usando pisos y paredes de piedra. Y deshaciéndose del tapete de la entrada y de los percheros. Ella está sin duda vestida de manera práctica y simple, mayormente de negro. El muchacho, que, en la primera cita se ve avasallado por la sabiduría de su amiga emancipada, lentamente aprende a entenderla y un día se enamora. Son jóvenes y ella es amable y hermosa y a pesar de llevar puesto siempre un atuendo severo, su apariencia se suaviza por los blancos e inmaculados cuellos y puños. Se esperaría que él le confesara su amor, pero el muchache no es alguien que cometa absurdos románticos. La poesía y el entusiasmo del amor cubren sus caras sonrojadas ante la belleza pura de la dama. Él silencia la voz de la naturaleza sin faltarle el respeto. Ella también es siempre exacta, siempre racional, siempre se comporta bien. Temo que si hubieran formado una unión el muchacho habría arriesgado congelarse hasta la muerte. Debo confesar que no puedo ver nada bello en esta nueva belleza, que es tan fría como las paredes y pisos de piedra con los cuales ella soñaba. Yo preferiría las canciones de amor de las épocas románticas, Don Juan y Madame Venus, fugarse con unx amante bajando por una cuerda a la luz de la luna, perseguidxs por la maldición del padre y el llanto de la madre, y el comentario moralista de los vecinos, preferiría todo esto que la corrección y la propiedad comedidas. Si el amor no sabe dar y recibir sin restricciones, no es amor, sino una transacción que nunca deja de hacer hincapié en el debe y en el haber. La mayor desventaja de la emancipación actual yace en su rigidez artificial, y en su estrecho decoro. El decoro que produce un vacío en el alma de la mujer y que no le permitirá beber de la fuente de la vida. Una vez recalqué que parecía haber una relación más profunda entre la madre chapada a la antigua y la anfitriona, en la búsqueda de la felicidad para sus pequeñxs y para aquellxs que ama, y la verdadera mujer nueva, se encuentra entre ésta última y la mujer emancipada promedio. Las discípulas de la pura emancipación me declararon hereje apta solamente para la hoguera, su ciego entusiasmo no les permite ver que mi comparación entre el modelo viejo y el nuevo sólo era para probar que un gran número de nuestras abuelas tenían más sangre en las venas, más humor y picardía, y ciertamente una gran cantidad de naturalidad, buen corazón y simpleza que la mayoría de las mujeres profesionales emancipadas que llenan las universidades, las casas de estudio y las oficinas. Esto no quiere decir que deseo volver al pasado y que no condeno a la mujer a su vieja espera de la cocina y el cuidado de lxs niñxs. La salvación reside en una enérgica marcha hacia un futuro más brillante y más claro. Necesitamos deshacernos de nuestras viejas tradiciones y hábitos. El movimiento de la mujer sólo ha dado el primer paso. Esperemos que junte coraje para dar el próximo. El derecho al voto o a la igualdad de derechos civiles pueden ser buenos reclamos pero la verdadera emancipación no empieza ni en las cortes ni en las urnas. Comienza en el alma de la mujer .La historia cuenta que cada clase oprimida obtiene su verdadera liberación a través de su propio esfuerzo. La mujer debe aprender esa lección, y ser conciente de que su libertad llegará tan lejos como llegue su capacidad para lograrla. De allí que es más importante que ella comience con su regeneración interior para liberarse del peso de los prejuicios, las tradiciones y las costumbres. La demanda de iguales derechos es justa y correcta pero después de todo, el derecho más vital es el derecho a amar y ser amadas. De hecho, si la emancipación parcial va a convertirse en una emancipación completa tendrá que deshacerse de la ridícula noción de que ser amada , ser amante , ser madre es sinónimo de ser esclava o ser subordinada. Tendrá que deshacerse de la absurda noción del dualismo de los sexos o del que el varón y la mujer son mundos antagónicos.
La pequeñez separa, el aliento une, seamos amplias y grandes. No subestimemos cosas vitales por el sinfín de nimiedades que nos confrontan. Una verdadera concepción de la relación de los sexos no admitirá conquistadxs y conquistadorxs, sólo sabe de una cosa: brindarse ilimitadamente para encontrase a sí mismx más ricx, más profundx. Sólo eso llenará el vacio y transformará la tragedia de la emancipación en alegría- ilimitada alegría.-

[1] Hija del financiero Jacques Necker, ministro de Luis XVI, nacido en Ginebra (Suiza) y de Suzanne Curchod, suiza francesa del cantón de Vaud. Desde muy joven mostró en el Salón literario de su madre un especial buen juicio. Seguidora de los filósofos franceses del Siglo XVIII, ya a los 22 años escribe una Carta sobre el carácter y las obras de Jean-Jacques Rousseau. Contrajo matrimonio y tuvo tres hijos con el embajador de Suecia en París en 1786 y convirtió su salón en uno de los principales centros literarios y políticos de la capital francesa. Durante la Revolución Francesa toma parte activa, apoyando a Talleyrand, pero tras la caída de la monarquía, abandona Francia (1792) y viaja a Suiza. Allí se vuelve a encontrar con Benjamín Constant a quien había conocido en un viaje anterior y con quien mantuvo unas borrascosas relaciones sentimentales hasta 1808. Sus primeros ensayos y su novela Delphine, en la que preconiza la libertad de elección sentimental sobre los convencionalismos sociales, la sitúan dentro del naciente movimiento romántico. En 1797 regresa a París se muestra fascinada por la figura de Napoleón Bonaparte. Sin embargo éste se muestra receloso ante una mujer dedicada a la política, que participa en intrigas palaciegas y ante la que se evidencia su escasa elocuencia. Al situarse además su amante Benjamín Constant en la oposición, Napoleón insta a Madame de Staël a alejarse de París (1803), y se muestra inflexible a las peticiones de todos los amigos de ésta para que le permita regresar. Tras enviudar en 1802 se casa en segundas nupcias con John Rocca, un joven militar suizo. En 1807 publica Corinne, una nueva novela. También destacaría Alemania, que Napoleón destruye en 1810 cuando está a punto de ser publicada y que se ve obligada a editar en Londres en 1813 y sus Cartas, memorias políticas publicadas en 1788. Además escribió novelas, ensayos y trabajos históricos y críticos. Tras la Restauración regresa a Francia, en donde muere en 1817.

* George Sand, seudónimo de Amandine-Aurore-Lucille Dupin, baronesa Dudevant (París, 1 de julio de 1804 - Nohant, 8 de junio de 1876). Escritora francesa.Nació en París, hija de padre aristocrático y madre de la clase media, siendo educada durante gran parte de su infancia por su abuela en la localidad de Nohant, en el condado de Berry, en Francia, lugar que luego aparecería en algunas de sus novelas. En 1822, contrajo matrimonio con el Baron Casimir Dudevant, y tuvieron 2 hijos, Maurice, nacido en 1823 y Solange, nacida en 1828. En 1831, se separó de su esposo llevándose a sus dos hijos y se instaló en París. Cinco años después obtiene el divorcio.Su primera novela, Rosa y Blanco ("Rose Et Blanche"), fue escrita en 1831 en colaboración con Jules Sandeau, de quien tomó presumiblemente su seudónimo de Sand.Luego de abandonar a su esposo, Aurore comenzó a preferir el uso de vestimentas masculinas, aunque continuaba vistiéndose con prendas femeninas en reuniones sociales. Este "disfraz" masculino le permitió circular más libremente en París, y obtuvo de esta forma, un acceso a lugares que de otra manera hubieran estado negados para una mujer de su condición social. Esta era una práctica excepcional para el siglo XIX, donde los códigos sociales, especialmente de las clases altas, eran de una gran importancia. Como consecuencia, ella perdió una parte de los privilegios que obtuvo al convertirse en una baronesa. Entre sus novelas más exitosas se encuentran Indiana (1832), Lelia (1833), El compañero de Francia (1840), Consuelo (1842-43), Los maestros soñadores (1853).
En El pantano del Diablo (1846), cuenta experiencias de su infancia en el campo y escribe sobre temas rurales. Otras obras de este tipo son El molinero de Angibault (1845), François le Champi (1847-48) y La Petite Fadette (1849).Entre sus obras de teatro y autobiográficas se encuentran Historia de mi vida (Histoire de ma vie, 1855), Elle et Lui (1859) donde cuenta su relación con Musset; Journal Intime (obra que se publicara póstumamente en 1926), y CorrespondenciaAdemás, George Sand escribió varios textos acerca de críticas literarias y políticos. Aurore Dupin falleció en Nohant, cerca de Chateauroux, en Francia, el 8 de junio de 1876 a la edad de 72 años y se la enterró en tierras de su hogar en Nohant. En el año 2004, se sugirió mover sus restos al Panteón en París.
[2] Laura Marholm, rusa procedente de Latvia , escribió artículos sobre la literatura escandinava para el St. Petersburger Zeitung que brindan un bello modelo para la compleja interacción cultural de la región<>
[3] Sus padres eran los actores Alessandro Vincenzo Duse y Angelica Cappelletto. Su primer papel protagónico lo realizó a los 14 años; encarnó la Julieta de Shakespeare y consiguió su primer gran triunfo con La princesa de Bagdad, de Dumas. Se buscó crearle rivalidad con la famosa actriz francesa Sarah Bernhardt, quien era contemporánea suya; sin embargo, poseían estilos muy diferentes, ya que Eleonora buscaba comprender la mentalidad del personaje y Sarah le imprimía su sello personal a los personajes que interpretaba. En 1881 se casó con Tebaldo Checchi, unión de la que nació su hija Enrichetta. En 1885 aceptó un contrato para una gira por América del Sur, y entonces su fama, ya excepcional en Italia, sobrepasó las fronteras. En esta época conoció a Arrigo Boito, de quien aprendió el valor del estudio y de la elevación espiritual y cultural. En el transcurso de una gira triunfal por Europa (1891-1892) inició, en Viena, la batalla en favor de Ibsen, imponiendo al público la discutida Casa de muñecas. En 1893 obtuvo un gran éxito en América del Norte y en otros países extranjeros. En 1894 se produjo su primer encuentro con D'Annunzio, que estaba entonces en la cúspide de su fama. El triunfo obtenido en París con Sueño de una mañana de primavera (1897), obra de este autor, la convenció de que había encontrado al creador de la tragedia moderna. Desde entonces su repertorio estuvo formado casi exclusivamente por obras de este autor. Esta relación terminó en 1910, cuando el polémico escritor estaba metido en asuntos políticos (el escritor fue precursor del fascismo italiano) y despreocupado totalmente por Eleonora. La ruptura de esos amores y una crisis de tipo religioso la llevaron, después de su éxito con La Locandiera de Goldoni, en 1909, a abandonar inesperadamente el teatro, permaneciendo retirada durante doce años. Durante la guerra de 1914-18 la actriz prodigó su asistencia a los heridos y dio recitales en los frentes. Reapareció ante el público en Turín en 1921 con La dama del mar, negándose a ser maquillada y preocupándose tan sólo de ofrecer al público no una ficción, sino el fruto de una ansiosa búsqueda de la verdad interior. Añadiendo a su repertorio otras obras, reemprendió una nueva etapa de su vida artística, iniciando otra gira por Norteamérica, donde la sorprendió la muerte.

[4] Sonia Kovalévskaya fue una matemática rusa del siglo XIX, que para poder estudiar en la universidad tuvo que salir fuera de Rusia, pedir permisos especiales para asistir a clase y solicitar clases particulares a ilustres matemáticos. Después de obtener el doctorado en Matemáticas, a pesar de que ninguna universidad en Europa admitía a una mujer como profesora, consiguió serlo en la entonces recién creada Universidad de Estocolmo. Sus investigaciones se centran en el Análisis Matemático. Su nombre ha pasado a la historia por el Teorema de Cauchy-Kovaleskaya. Su especialización, por lo que en su época fue conocida en toda Europa, era la teoría de funciones abelianas. Su trabajo sobre los anillos de Saturno representa su aportación a la matemática aplicada. Su mayor éxito matemático fue su investigación sobre la rotación de un sólido alrededor de un punto fijo por el que obtuvo el Premio Bordin de la Academia de Ciencias de París. Su trabajo póstumo, una simplificación de un Teorema de Bruns. Sonja, Sofja, Sonya, Sophie, Sophia, Sonia, Sofya, son algunos de los nombres que hacen referencia a esta mujer excepcional como escritora, como matemática y como persona. No sólo fue la primera mujer que se doctoró en Matemáticas y consiguió ser profesora de Universidad, sino que también escribió obras literarias.El relato de su corta vida es fascinante. Comenzó en un pueblecito de Rusia, donde vivió su adolescencia y desde allí, en una época en la que las mujeres carecían totalmente de autonomía y les estaba totalmente prohibido asistir a la universidad, su genio matemático, su espíritu libre y su especial personalidad para superar las barreras que se interponían a sus aspiraciones, le permitieron alcanzar las más altas cotas del pensamiento científico. Su talento literario, plasmado en su obra autobiográfica Recuerdos de la infancia, nos conmueve. Llegó a ser amiga y colega de los más grandes matemáticos de la época como Weierstrass, Poincaré, Chevichev, Hermite, Picard, Mittag-Leffler, etc., y de científicos y literatos como Darwin, Elliot, Ibsen, Mendeleyev, Dostoyesky, etc. Todo esto podía ser suficiente para interesarnos por su vida, pero, ante todo fue "una gran matemática" creativa, original e innovadora.
[5] En el seno de una familia nobiliaria menor de provincia, Marija Konstantinovna Bashkirtseva, había nacido el 24 de noviembre de 1858 (*) en Gavronzi, población rural de Poltava, en aquella Ucrania que por mucho tiempo fue la más europea de las Rusias. Separados sus padres, su infancia transcurre en la provincia de Kharkov, en tierras de la madre. A los doce años, luego de temporarias estadías en Viena, Badén y Ginebra, con la familia trashumante (abuelo Babanine, mamá Marie, tía Nadine, tío Georges, su hermano menor, Paul, la prima Dina y hasta un viejo médico amigo) se instalan en una villa que adquieren en Niza. Allí, en la Riviera francesa y bajo los Alpes mediterráneos, es donde esboza los primeros escarceos con la literatura: a los catorce años iniciará la redacción de un Diario que, sin pudores, pondrá al descubierto su particular psicología. Amiga de literatos y de pintores, pintora de talento ella misma, prolífica escritora, escultora, cantante, lectora ávida e incansable, mujer de mundo que dominaba cinco idiomas y deslumbraba en los salones de baile, la virgen eslava -como la llamaron- ha sido, por su belleza, su talento artístico y su vida trágica, una de las figuras más románticas del periodo cultural más intenso del siglo XIX. Inevitablemente feminista, en una época de sometimiento para la mujer en que no existían muchos más caminos que el matrimonio, protestó amargamente y luchó contra todos los obstáculos para llevar adelante su vocación artística. Vivió y escribió apasionadamente y las páginas de su Diario no pueden sino leerse con la misma pasión y despertar simpatía y complicidad. Hoy día sus cuadros se exponen en distintos museos de Europa y la obra monumental que escribió se recopila por primera vez para una edición completa. Murió prematuramente en los primeros escarceos con el éxito artístico, cuando aún era toda promesa.

jueves, 5 de junio de 2008

Matrimonio y Amor



Traduccion: Proyectil Fetal...

Advertencia: empieza bien arriba, se pone un poco cursi hacia el final, guardiiiiiiiiiiiii.

La noción popular acerca del matrimonio y el amor dice que ambos son sinónimos, que florecen de los mismos motivos, y cubren las mismas necesidades humanas. Como la mayoría de las nociones populares, ésta también descansa no sobre hechos reales sino sobre la superstición.
El matrimonio y el amor no tienen nada en común, están en polos opuestos, son, de hecho, antagonistas. Sin duda, algunos matrimonios son el resultado del amor. Sin embargo, no porque el amor pueda afirmarse en el matrimonio, sino más bien porque las convenciones le pueden quedar chicas a algunas pocas personas. Existe hoy un gran número de varones y mujeres para quienes el matrimonio no es sino una farsa, y que se someten a él por el bien del que dirán. De cualquier modo, aunque es verdad que algunos matrimonios están basados en el amor, y aunque es igualmente cierto que el amor continúa en la vida matrimonial, mantengo que eso ocurre a pesar del matrimonio y no por él.
Por otra parte, es completamente falso que el amor resulte del matrimonio. Algunas raras veces, se conoce un caso milagroso de un matrimonio enamorándose después de consumado el mismo, pero mirándolo de cerca, se descubre que es simplemente ajustarse a lo inevitable. Cuando se saca una póliza de seguro, se paga en billetes y centavos, siempre con la posibilidad de discontinuar los pagos. Sin embargo, si la prima de seguro del marido es la mujer, ella paga son su propio nombre, su privacidad, su autoestima, su propia vida, “hasta que la muerte les separe”. Más aun, el seguro de matrimonio la condena a una vida eterna de dependencia, parasitismo, completa inutilidad, tanto individual como social. El varón también paga su peaje, pero como su esfera es más amplia, el matrimonio no lo limita en la misma medida que a la mujer. Él siente las cadenas en el sentido económico. La famosa frase del Dante en el Infierno[1] se aplica con igual fuerza al matrimonio: “Quién aquí ingrese, deje atrás toda esperanza[2].”
El matrimonio es una falla, únicamente un estúpido podría negarlo. Sólo con mirar las estadísticas de divorcio podemos darnos cuenta del amargo fracaso del matrimonio. Tampoco el argumento estereotipado filisteo[3] que la laxitud de las leyes de divorcio y la soltura creciente de las mujeres da cuenta de que uno de cada 12 matrimonios termina en divorcio; segundo, que desde 1870 los divorcios han crecido de 28 a 73 % por cada 100.000 habitantes; tercero, que el adulterio, desde 1867, como causal de divorcio, se ha incrementado 270,8%; cuarto, que el abandono de hogar creció 369,8%[4].
Además de estas alarmantes cifras hay una vasta cantidad de material, dramático y literario, que echa más luz sobre este asunto. Robert Herrick[5] en Together (Juntos), Pinero[6] en Mid Channel (Canal medio), Eugene Walter en Paid in Full[7] (Totalmente Pagado), y muchxs más autorxs discuten la esterilidad, la monotonía, la sordidez, la inadecuación del matrimonio como factor de armonía y entendimiento.
Lxs estudiantes pensativos no se contentarán con una explicación superficial de este fenómeno. Tendrán que excavar más profundo en la vida de los sexos para conocer por qué el matrimonio prueba ser tan desastroso. Edward Carpenter[8] dice que detrás de cada matrimonio se encuentra el vívido ambiente de ambos sexos, un ambiente tan diferente del uno para la otra, que el varón y la mujer deben permanecer como extrañxs. Separadxs por una pared inconmensurable de superstición, costumbre, hábito, el matrimonio no tiene el potencial para desarrollar conocimiento y respeto por sus miembros, sin los cuales la unión sería un fracaso. Henrik Ibsen[9], quien odiaba todas las farsas sociales, fue el primero, quizás, en darse cuenta de esta verdad. El personaje principal de Casa de Muñecas, Nora, abandona a su marido, no- como la estúpida crítica supone- porque estaba cansada de las responsabilidades o porque sintió la necesidad de los derechos de la mujer, sino porque se dio cuenta de que había estado casada por 8 años con un extraño a quien le había dado hijxs. ¿Puede haber algo más humillante, más degradante que la proximidad entre dos extrañxs? La mujer no necesita saber nada acerca del varón, excepto cuánto gana. Y para comprender a la mujer- ¿qué importa sino su apariencia agradable? No hemos superado el mito teológico de que la mujer no tiene alma, de que ella es un mero apéndice del varón, hecha de su costilla para uso del varón, un varón que era tan fuerte que le temía a su propia sombra.
Tal vez la pobre calidad de material de donde surge la mujer sea responsable de su inferioridad[10]. De todas formas, la mujer no tiene alma- ¿qué se puede entonces saber de ella? A parte, cuánto menos alberga el alma de una mujer, más valor tiene como esposa, es decir, más rápidamente será absorbida por su esposo. Es el esclavizante y dócil consentimiento a la superioridad del marido lo que ha mantenido la institución del matrimonio aparentemente intacta por tanto tiempo. Ahora que la mujer está comenzando a ser ella misma, ahora que gradualmente se da cuenta de que ella puede estar fuera de la gracia del amo, la sagrada institución del matrimonio es gradualmente minada y ninguna cuota de lamento sentimental puede permanecer.
Desde la infancia, se le dice a la muchacha promedio que su última meta es el matrimonio, por eso, su entrenamiento y educación se dirige a tal fin. Como una bestia muda, engordada para el matadero, se la prepara para eso. Sin embargo, se le permite conocer menos de sus funciones como esposa y madre que lo que el artesano necesita para realizar su oficio. Es indecente y sucio para una nena respetable conocer los vericuetos de la relación marital. En pos de una inconsistente respetabilidad, tal ignorancia necesita el voto matrimonial para convertir algo sucio en el acuerdo más puro y sagrado que nadie ose cuestionar o criticar. Y esa es la actitud del típico defensor del matrimonio. Se mantiene a la futura madre y esposa en total ignorancia de su único valor en el campo competitivo- el sexo. Por eso, ella entra en una relación eterna con un varón sólo para saberse estupefacta, repelida, indignada sin límite por el instinto más natural que existe- el sexo. Es seguro que un gran porcentaje de infelicidad, miseria, angustia y sufrimiento físico en el matrimonio se debe a la criminal ignorancia en temas de sexo, ignorancia que se presenta como gran virtud. Tampoco es exagerado decir que más de un hogar se ha roto por este hecho deplorable.
Sin embargo, si una mujer es libre y suficientemente grande para aprender los misterios del sexo sin sanción del estado o de la iglesia, será condenada como indeseable para ser la esposa de un “buen” hombre, cuya bondad consiste en un cerebro vacío y lleno de dinero. ¿Puede haber algo más indigno que la idea de que una mujer adulta y sana, llena de vida y pasión, deba negar el sexo, deba atenuar y dominar su intenso deseo, erosionar su salud, y corromper su espíritu, deba atrofiar su visión, retenerla contra la profunda y gloriosa experiencia sexual hasta que “un buen hombre” llegue y la tome para si como esposa? Este es tan solo uno de los factores que diferencia al amor del matrimonio, aunque no el menos importante.
La nuestra es una edad práctica. El tiempo en el que Romeo y Julieta se exponían a la ira de los padres por amor, cuando Gretchen se exponía a la murmuración de los vecinos por amor, no existe más. Si, en raras ocasiones, la gente joven se permite el lujo del romance, son tomandxs al cuidado de lxs mayores, vaciadxs y machacadxs hasta que se vuelvan “sensatxs”. La lección moral en la que se instruye a la muchacha, no es si el varón despierta su amor, sino “¿Cuánto tiene?”- único Dios de EE. UU. y el más importante-; “¿puede el varón mantenerme?”, es lo único que justifica el matrimonio. Gradualmente, esto satura cualquier pensamiento en la muchacha, sus sueños no son la luz de la luna y los besos, la risa o el llanto; sus sueños son ir de compras al shopping. Esta pobreza espiritual y esta sordidez son los elementos inherentes a la institución del matrimonio. El Estado y la Iglesia aprueban esto porque lo necesitan para controlar al varón y a la mujer.
Sin duda hay personas que siguen considerando el amor por sobre el dinero. Particularmente, esto es cierto en la clase social para la cual la necesidad económica les ha forzado a apoyarse mutuamente. El cambio en la posición de la mujer, creado a la fuerza por el factor económico, es de hecho fenomenal si pensamos que ella recién ha ingresado al área industrial. 6 millones de mujeres asalariadas, 6 millones que tienen los mismos derechos que los varones a ser explotadas, a ser robadas, a hacer huelga, o incluso a morir de hambre. ¿Algo más, patrón? Sí, 6 millones de trabajadoras asalariadas, desde los trabajos más intelectuales hasta las minas y las vías de tren, sí, incluso detectives y policías mujeres. Seguro que le emancipación se ha completado. Sin embargo, solo un reducido número del vasto ejército de mujeres asalariadas ven su trabajo como una situación permanente, tal como lo hace el varón. No importa cuán decrepito se encuentre éste, se le ha enseñado a ser independiente, a mantenerse a si mismo. Ya sé, nadie es realmente independiente en nuestra máquina económica; pero incluso el más bajo espécimen de varón odia ser un parásito, o ser conocido como tal. La mujer considera su posición de trabajadora como algo temporal, algo que se va a dejar de lado frente a una mejor oferta. Por eso, es mucho más difícil organizar a las mujeres que a los varones. “¿Por qué voy a participar en un sindicato? Me voy a casar, y quedarme en casa.” ¿Acaso no se le ha enseñado desde pequeña a pensar en el matrimonio como su fin último? Ella aprende suficientemente rápido que el hogar, aunque no tan grande como una prisión o una fábrica, tiene barrotes más sólidos. Tiene un guardián tan fiel que nadie se escapa de él. La parte más trágica es que el hogar no la libera de la esclavitud del salario, sólo incrementa sus labores.
De acuerdo a las estadísticas entregadas frente al Comité de trabajo y salario y hacinamiento de la población, solo el 10% de los trabajadores asalariados en Nueva York están casadas, y continúan trabajando en los peores empleos. Añádase a este horrible hecho las pesadas tareas domésticas, y entonces ¿qué queda de la protección y la gloria del hogar? De hecho, incluso la muchacha de clase media casada no puede hablar de su hogar puesto que es la presencia del varón el que crea esta esfera. No importa si el marido es un bruto o un encanto. Lo que quiero probar es que el matrimonio le garantiza a la mujer un hogar sólo por gracia del marido. Ella se mueve en la casa de ÉL, año tras año, hasta que su vida se vuelve chata, estrecha, y apagada. No sorprende que ella se vuelva también gruñona, pesada, mezquina, peleadora, chusma, insoportable, haciendo que el varón la abandone. Ella no puede irse, incluso si lo deseara, porque no hay adónde ir. Más aun, un período corto de matrimonio, de completa entrega de sus facultades, incapacita absolutamente a la mujer promedio para vivir en el mundo exterior. Se vuelve descuidada en su apariencia personal, torpe de movimientos, dependiente en las decisiones, cobarde en su juicio. Una carga y un aburrimiento que la mayoría de los varones llega a odiar y despreciar. Un ambiente maravilloso e inspirador para tener una vida, ¿no es cierto?
Pero, ¿cómo se protege a lxs hijxs sino es dentro del matrimonio? ¿No es acaso esa la consideración más importante? ¡Cuánta hipocresía, y vergüenza! El matrimonio que protege a lxs hijxs pero hay miles de niñxs de la calle o aboandonadxs. El matrimonio protege a lxs hijxs pero los institutos de menores y los orfanatos están sobrepoblados, las Sociedades de Prevención contra la Crueldad hacia lxs niñxs atareadísimas tratando de rescatar a las pequeñas víctimas de sus “amorosxs” padres, para re-ubicarlos en instituciones donde serán mejor tratadxs. ¡Todo eso es una burla!
El matrimonio quizás tenga el poder de llevar el caballo hacia el agua, pero ¿puede hacerlo beber? La ley pondrá al padre bajo arresto, y le dará ropas de preso, pero ¿acaso eso calmará el hambre infantil? Si el padre no tiene trabajo, o si esconde su identidad, entonces ¿para qué sirve el matrimonio? Invoca a la ley para llevar al hombre a la justicia, ponerlo tras una puerta cerrada, sin embargo, su trabajo no va para lxs hijxs, sino para el estado. Lxs niñxs solo recuerdan la imagen de sus padres presos. En cuanto a la protección de la madre, justamente allí radica la maldición del matrimonio. No es que la proteja realmente, sino que la sola idea es tan revulsiva, tan ultrajante, tan ofensiva, tan degradante como para condenarla eternamente a una vida parasitaria. Es como ese otro acuerdo paternalista- el capitalismo. Le roba al ser humano de sus derechos naturales, deja inconsciente su crecimiento, le envenena el cuerpo, le mantiene en la ignorancia, y la dependencia, e instituye la caridad, sacan provecho del último vestigio de respeto. La institución del matrimonio que vuelve a la mujer un parásito, un ser completamente dependiente y la incapacita para la lucha, le aniquila su conciencia social, le paraliza la imaginación, y luego le impone su graciosa protección que es ciertamente una trampa de la realidad, una parodia de la personalidad humana.
Si la maternidad es la mayor realización de la naturaleza humana, ¿qué otra protección necesita la mujer sino amor y libertad? El matrimonio desafía, obstaculiza y corrompe su realización. ¿No se le dice acaso a la mujer “solo a través de mí traerás vida al mundo?” ¿Acaso no la condena al encierro, no la degrada y humilla si se rehúsa a comprar su derecho a la maternidad mediante su propia venta? ¿Acaso no es solo el matrimonio quien permite la maternidad, aunque se haya concebido con odio o compulsivamente? Así las cosas, si la maternidad es una elección, de amor, de deseo, de pasión, ¿acaso no le clava a un inocente una corona de espinas y la graba en la frente con horribles letras rojas “bastardx”? Aun si el matrimonio tuviera todas las virtudes que dice tener, su crimen contra la maternidad lo excluiría del reino del amor.
El amor, el elemento más fuerte y profundo de la vida, el mensajero de la esperanza, de la felicidad, del éxtasis; el amor, que desafía las leyes, todas las convenciones, el amor, lo más libre de la vida, y su impronta más poderosa. ¿Cómo puede una fuerza tal ser sinónimo del estado y de la iglesia?
¿Amor libre? ¡Cómo si el amor pudiera ser otra cosa sino libre! El ser humano se compró un cerebro, pero nadie ha podido comprar el amor. El ser humano ha domeñado cuerpos, pero todo el poder sobre la tierra no ha podido con el amor. El ser humano ha conquistado naciones, pero todos sus ejércitos no pueden conquistar el amor. El ser humano ha encadenado y el espíritu, pero no ha podido ponerle cadenas al amor. Alto en un trono, con toda la pompa y el esplendor del oro, el hombre es pobre y está desolado, si el amor no se detiene ante él. Y si lo hace, el amor convierte a la casucha más pobre en radiante con calidez, vida y color. El amor tiene el poder mágico de convertir a un mendigo en rey. Sí, el amor es libre. No puede habitar sino en libertad. En libertad se entrega sin reserva, abundantemente, por completo. Todas las leyes, todas las cortes del universo, no pueden arrancarlo de la tierra una vez que el amor echó raíces. Si el suelo es estéril, ¿cómo puede el matrimonio hacer que brinde frutos? Es como un manotazo de ahogado ante la muerte.
El amor no necesita protección, es su propia protección. En la medida que el amor engendre vástagos, ninguna criatura será abandonada o morirá de hambre o necesitará afecto. Sé que esto es cierto cuando las mujeres se convierten en madres elegiendo libremente a los varones que ellas aman. Pocos niñxs engendrados en el matrimonio pueden disfrutar el cuidado, la protección, la devoción que las madres libres son capaces de brindar.
Quienes defienden la autoridad le temen a la maternidad libre, y les quitan su presa. ¿Quién luchará en las guerras? ¿Quién creará riqueza? ¿Quién hará a lxs policías, lxs carcelerxs, si las mujeres se rehúsan a tener hijxs indiscriminadamente? ¡La raza, la raza! Grita el rey, el presidente, el capitalista, el sacerdote. La raza debe ser preservada, aun si la mujer se degradada al nivel de una máquina. Pero estos esfuerzo son vanos para mantenerla apresada. En vano son también los edictos de la iglesia, los insanos atacas de quienes gobiernan, en vano e incluso el brazo de la ley. La mujer no desea mas ser una pieza de la reproducción de una raza enferma, débil, decrepita, de seres humanos que no tienen la fuerza o el coraje moral para liberarse del yugo de la pobreza y la esclavitud. En cambio, ella desea menos y mejores hijxs, engendrados y criados en el amor y por libertad de elección, no por compulsión, como impone el matrimonio. Nuestros pseudomoralistas todavía deben aprender el sentido profundo de la responsabilidad hacia lxs hijxs, que el amor en libertad despierta en el pecho humano. Ella preferiría no tener que traer vida a una atmósfera de destrucción y muerte. Y sí se convierte en madre, es para darle a lxs hijxs lo mejor y más profundo de su ser. Crecer con ellos es su lema, sabe que sólo así puede ayudar a construir la humanidad verdadera.
Ibsen debe haber tenido la visión de la madre libre, cuando, con giro magistral, retrató a la Sra. Alving[11]. Ella era la madre ideal porque se liberó del matrimonio y sus horrores, porque rompió sus cadenas, y liberó su espíritu hasta recobrar su personalidad, regenerada y fuerte. Era tarde para rescatar su vida. Aquellas que como Sra. Alving hayan pagado con sangre y lágrimas su despertar espiritual, repudian el matrimonio como imposición, chatura, y burla vacía. Saben, incluso si el amor permanece durante breve tiempo o por toda la eternidad, que es la única base elevada, creativa e inspiradora para un nuevo mundo, una nueva raza.
En nuestra jibarizada condición actual el amor es un extraño para la mayoría de las personas. Malentendido y esquivo, nunca hecha raíces, o si lo hace se marchita pronto y muere. Su fibra delicada no puede resistir la tensión y el sufrimiento diario que lo muele. Su alma es demasiado compleja para ajustarse a apretada trama del tejido social. Llora, se queja y sufre con aquellas personas que lo necesitan y no tienen la capacidad para llegar a él.
Algún día, algún día, los varones y las mujeres se levantarán y alcanzarán la cima de la montaña. Serán libres y fuertes listxs para recibir, tomar parte y disfrutar de los dorados rayos del amor. ¿Qué hermosura, qué imaginación, qué genio poético puede prever las potencialidades aproximadas de una fuerza tal en los seres humanos? Si el mundo llega parir en completo compañerismo y unicidad, el amor, y no el matrimonio, será su progenitor.


[1] Se refiere a la Divina Comedia de Dante Allighieri.
[2] “¡Oh, voi che entrate, lasciate ogni speranza!”.
[3] Se refiere el pueblo filisteo que figura en la Biblia, figurativamente persona vulgar y de cortos alcances. Diccionario Salvat (1993).
[4] Las estadísticas refieren al momento original de publicación de este escrito.
[5] (Cambridge, 1868 - Saint Thomas, 1938) Escritor y profesor estadounidense. Tras licenciarse en Harvard se dedicó, entre 1893 y 1923, a la docencia en el Departamento de Filología Inglesa de la University of Chicago. Desde 1935 hasta su muerte, Robert Herrick desempeño el cargo de Secretario del Gobernador de las Islas Vírgenes. El tema central de sus novelas es el conflicto entre los ideales de la clase media norteamericana y el materialismo y la ambición de la sociedad urbana. Así, muchas de sus novelas muestran a profesionales y empresarios que se afanan a lo largo de su vida por tener éxito en los negocios para, al final, darse cuenta de que ese empeño tan sólo los conduce a la infelicidad. Ésta es la conclusión a la que llega el protagonista de The Man who Wins (El ganador), de 1897, un médico que abandona la investigación para dedicarse a la lucrativa práctica de la medicina. Otro médico es el protagonista de The Web of Life (La telaraña de la vida), de 1900, mientras que The Common Lot (El lote común), de 1904, está protagonizada por un arquitecto. En The Real World (El mundo real), de 1901 pero vuelta a publicar en 1908 con el título Jock O'Dreams; A life for a Life (Una vida por una vida), de 1910, y en Waste (Despilfarro), de 1924, los protagonistas son directivos de empresas que acaban lamentando sus éxitos materiales. Memoirs of an American Citizen (Memorias de un ciudadano americano), de 1905, es quizás su novela más conocida. Narra la historia de Van Harrington, que además de amasar una fortuna, obtiene un escaño en el Senado de Estados Unidos, pero, contrariamente al resto de personajes de Robert Herrick, no se lamenta ni se arrepiente de su triunfo. La novela Sometime (Algún día), de 1933, es una utopía satírica. El autor también escribió diversos volúmenes de cuentos como Love's Dillemmas (Dilemas de amor), de 1898; Their Child (Su hijo), de 1903; El dueño de la fonda (The Master of the Inn, 1908); The Conscript Mother (La madre recluta), de 1916; y Wanderings (Andanzas), de 1925. Otras obras: Together (Juntos), de 1908; One Woman's Life (Vida de una mujer), de 1913; Clark's Field (El campo de Clark), de 1914, y Hespérides.
[6] Arthur Wing Pinero (1855 – 1934 Dramaturgo inglés, n. y m. en Londres. Ganó fama con una serie de ingeniosas farsas y comedias sentimentales: The Magistrate (1885), The Schoolmistress (1886), Dandy Dick (1887), Sweet Lavender (1888) y The Weaker Sex (1888). Con The Second Mrs. Tanqueray (1893) se acreditó como maestro de la comedia social y humana; la crítica lo comparó a Sheridan por la densidad de sus recursos escénicos. Entre sus últimas producciones figuran The Princess and the Butterfly (1897), Trelawney of the Wells (1898), A Wife Without a Smile (1905), The Big Drum (1915) y The Enchanted Cottage (1922). Fue uno de los primeros representantes del «ibsenismo», si bien su criticismo moral y social tuvieron alcance y eco limitados. Recibió la dignidad de caballero en 1915.
[7] Se refiere a la obra de teatro firmada bajo pseudónimo de Eugene Walter presentada en Febrero de 1914 en EE. UU., género dramático.
[8] Edward Carpenter nació el 29 de agosto del año 1844 en Brighton; y falleció el 28 de junio de 1929. Fue un escritor, poeta y filósofo socialista, antologista y activista homosexual. Se dio a conocer a finales del siglo XIX y principios del XX en Gran Bretaña, siendo además figura clave para la fundación de la Sociedad Fabiana y del Partido Laborista.

[9] Henrik Ibsen original dramaturgo noruego, fue uno de lo más importantes creadores de la moderna literatura dramática considerado el fundador del teatro de ideas. Nació el 20 de marzo de 1828 en el puerto de Skien, pequeña ciudad al sur de (Noruega) y murió el 23 de mayo de 1906 Cristianía (actual Oslo). Considerado el más importante dramaturgo noruego y uno de los autores que más ha influido en la dramaturgia moderna, padre del drama realista moderno y antecedente del teatro simbólico. En su época, sus obras fueron consideradas escandalosas por una sociedad dominada por los valores victorianos, obras que cuestionaban el modelo de familia y de sociedad dominante. Sus obras no han perdido vigencia y es uno de los autores no contemporáneos más representado en la actualidad. Casa de muñecas (1879). Desde sus primeros estrenos el 21 de diciembre de 1879 en el Teatro Real de Copenhague y el 20 de enero de 1880 en el Teatro Nacional de Cristianía, Nora, su protagonista, y su portazo final abandonando a su familia, se convirtieron en bandera del feminismo y su autor en abanderado. Ibsen plantea en esta obra, con el matrimonio Helmer, la relación entre sexos. Según sus propias palabras: Existen dos códigos de moral, dos conciencias diferentes, una del hombre y otra de la mujer. Y a la mujer se la juzga según el código de los varones. [...] Una mujer no puede ser auténticamente ella en la sociedad actual, una sociedad exclusivamente masculina, con leyes exclusivamente masculinas, con jueces y fiscales que la juzgan desde el punto de vista masculino.”(Notas para la tragedia actual. Ibsen.)

[10] Cf. Redondillas de Sor Juana Inés de la Cruz: “Hombres necios que acusáis/a la mujer, sin razón, /sin ver que sois la ocasión/de lo mismo que culpáis;…”
[11] En la obra de teatro Espectros (1881) de Ibsen, su protagonista, la señora Alving, siguiendo el consejo del pastor Manders, vive junto a su marido simulando ser feliz, siguiéndole en sus vicios e intentando ocultarlos, preservando la imagen respetable que la sociedad mantiene sobre él. Estrenada en Berlín fue prohibida el día de su estreno, fue igualmente prohibida durante quince años en Noruega al considerarla disoluta y revolucionaria.

jueves, 1 de mayo de 2008

El trato injusto a los Homosexuales (1900-1923) por Emma Goldman



"Ningún arrojo se requiere para manifestarse en contra de la injusticia"

Emma Goldman, anarquista, activista, conferencista y agitadora feminista estaba en París en 1900. El Dr. Eugene Schmidt la invitó a una cena con él, con los escritores Oskar Panizza y Oscar Wilde. Entusiasmada por conocer a Wilde y Panizza a quienes admiraba, Goldman aceptó la invitación y se olvidó de una importante reunión de comité. La reunión con Panizza y Wilde no se hizo. Unos días más tarde fue a pasear con el Dr. Schmidt. Goldman describe en su autobiografía que defendió públicamente a Wilde en EE. UU.:

Durante nuestra caminata por Luxemburgo le conté al doctor acerca de mi indignación por la condena de Oscar Wilde. Yo alegué en contra de aquellos miserable hipócritas que lo sentenciaron. "¡Usted!" exclamó el doctor sorprendido, " ¿Por quée?, usted era tan solo una jovencita en aquel entonces. ¿Cómo se atrevió a defender en público a Oscar Wilde en la puritana sociedad estadounidense?". "¡Pamplinas!" replique; " Ningún arrojo se requiere para manifestarse en contra de la injusticia." "¿Injusticia?" repitió; "no se trataba de eso exactamente desde el punto de vista legal, quizás desde el psicológico.” El resto de la tarde la pasamos debatiendo en torno a la inversión de género, la perversión y la cuestión de la diversidad sexual. A pesar de lo mucho que reflexionaba el doctor sobre ese tema, no era libre en su enfoque, y yo suponía que estaba un poco escandalizado porque yo, una mujer joven, hablaba sin reservas de tema tabú.

Al comienzo del siglo XX, Goldman se hizo famosa por ser una oradora magnética en temas controversiales; los tópicos de sus exposiciones frecuentemente se las veían con violencia policíaca y el asedio para silenciarla. Cuando se expresó sobre la homosexualidad, sin embargo, la censura vino desde otro ángulo, sus propios compañeros anarquistas. En su autobiografía, Goldman relata su tour de conferencias en 1915.

Mi tour este año no estuvo intervenido por la policía hasta llegar a Portland, Oregón, aunque ciertos temas que traté fueron cualquier cosa menos dóciles: anti belicismo, la pelea entre Caplan y Schmidt, amor libre, control de la natalidad, y el tema más tabú de la sociedad, homosexualidad. Tampoco Anthony Comstock y sus puritanos trataron de silenciarme aunque abiertamente discutí los métodos contraceptivos delante de diferentes audiencias.
La censura vino de parte de mis camaradas porque trataba tales temas “antinaturales” como la homosexualidad. El anarquismo ya era suficientemente malentendido y considerado depravado; era inadmisible añadirle ideas falsas al tratar formas sexuales pervertidas, arguyeron. Porque creo en la libertad de opinión, incluso en mi contra: les di la misma importancia a mis censores que la que le doy a los enemigos. De hecho, la censura de mis compañeros me volvió más segura de mi misma y tuvo el mismo efecto que la persecución policial: me volvió más decidida para defender a cada víctima contra el mal social o la moral de prejuicio.
Los varones y las mujeres que venían a verme a mis conferencias sobre la homosexualidad, y que me confiaban su angustia, y aislamiento, eran usualmente de un grano más fino que aquellxs que me expulsaban. La mayoría de ellxs han llegado a un entendimiento más adecuado de su diferencia luego de años de luchar contra la idea de enfermedad o una aflicción vergonzosa…
Para mi el anarquismo no era solo una teoría en el futuro distante, sino una influencia viva para liberarnos de nuestras inhibiciones, internas y externas, y de las barreras destructivas que separan a los seres humanos entre ellxs.

En 1923, un artículo de Emma Goldman apareció en el Anuario de Los Tipos Sexuales Intermedios (Sexual Intermediate Types), publicado por el Comité de Ciencia Humanitaria de Alemania, llevado adelante por las organizaciones de derechos de los homosexuales. El artículo de Goldman era una respuesta a Karl von Levetzow sobre el supuesto lesbianismo de Louise Michel, una carismática luchadora francesa que murió en 1905. El ensayo de Goldman tiene la forma de una carta fechada en Berlín, Marzo de 1923 y constituye una discusión crítica pro-homosexual y una defensa que trataba de mostrar la valía y el talento de famosas figuras históricas que se orientaban al amor por su mismo sexo- como una respuesta al retrato negativo por completo y mas difundido de los homosexuales.

Estimado Dr. Hirschfeld:
Estoy al tanto de sus grandes trabajos sobre psicología sexual hace ya varios años. Lo admiro profundamente por sus intervenciones valientes por los derechos de aquellas personas que no están en posición de expresar sus sentimientos sexuales porque no son lo que usualmente se llama “normal”. Ahora que he tenido el placer de conocerlo en persona y observar sus esfuerzos, siento más la impresión de su personalidad y espíritu que lo guía en esta difícil empresa. Su disposición de ofrecerme su publicación para presentar una crítica contra el ensayo de Herr von Levetzow sobre la supuesta homosexualidad de Louise Michel, es una prueba- como su hiciera falta una prueba –de que es usted un hombre con un profundo sentido de la justicia e interesado solo en la verdad…
... si Louise Michel alguna vez hubiera manifestado cualquier tipo de sentimiento sexual en todas las relaciones con la gente que amó, yo ciertamente sería la última en buscar limpiarla de su “estigma”.
Es una tragedia que la gente de diferente sexo quede atrapada en un mundo que muestra tan poca comprensión a lxs homosexuales, y es tan indiferente a las varias gradaciones y variantes de género y su gran significado en la vida. Lejos de mi buscar evaluar a esa gente como inferior, menos moral, incapaz de sentimientos más elevados o de acciones más elevados. Yo soy la última persona a la cual se le ocurriría “proteger” a Louise Michel, mi maestra y compañera, del cargo de homosexualidad. El servicio a la humanidad de Louise Michel y su gran trabajo social por la liberación no pueden ser ni expandidos ni reducidos cualquiear sean sus hábitos sexuales.
Años atrás, no sabía nada de psicología social y mi único acercamiento a la homosexualidad se limitaba a algunas mujeres que conocí en prisión (donde permanecí por mis convicciones políticas). Hablé a favor de Oscar Wilde no sin dudas.
Como anarquista, mi lugar siempre fue estar del lado de la persona perseguida. La persecución y sentencia de Wilde me golpeó como un acto de cruel injusticia y repulsiva hipocresía de parte de la sociedad. Por esa sola razón me levanté a su favor.
Más tarde llegué a Europa y conocí los trabajos de Havelock Ellis, Krafft-Ebing, Carpenter, entre otros, que me hicieron darme cuenta del terrible crimen en contra de Oscar Wilde y otros como él. De allí en más, defendí por escrito y oralmente a aquellos de naturaleza diferente acerca de sus sentimientos sexuales y necesidades….
De todo eso, los lectores podrán reconocer que cualquier tipo de prejuicio o antipatía a los homosexuales es completamente ajeno a mi. ¡Por el contrario! Entre mis amigos varones y mujeres, homosexuales o bisexuales.
Encuentro a estas personas mucho más elevadas en cuanto a su inteligencia, habilidad, sensibilidad, y encanto que el promedio. Empatizo profundamente con ellos, puesto que sé que su sufrimiento es mucho más complejo y mucho peor que el de la gente común. Pero existe entre muchxs homosexuales una perspectiva intelectual que yo debo seriamente desafiar. Me refiero a la práctica de suponer que cada personalidad prominente posible fuera la suya propia, y atribuir sus propios sentimientos y personalidades a todxs ellxs.

… Sin querer ofender a Herr von Levetzow, debo decir que … está relacionado con la concepción de la esencia femenina. El ve en la mujer un ser creado por naturaleza para deleitar al varón y tener hijxs, una figura domestica, esclava de la casa.
Cualquier mujer que falle en cumplir con estos requerimientos femeninos clisé es considerada rápidamente lesbiana…
La mujer moderna no trasciende solo por ser amada por un varón, busca entendimiento y camaradería, quiere ser tratada como ser humano y no simple objeto sexual de gratificación. Y como usualmente el varón no puede darle eso, se va con sus hermanas.
Yo deseo ver el retrato de Louise Michel como fue realmente: una mujer extraordinaria, una pensadora significativa, un espíritu profundo. Representó el nuevo tipo de mujer que es tan viejo como la raza, con un alma permanentemente a tono con la humanidad. En una palabra, Louise Michel fue una mujer completa, libre de prejuicios y de tradiciones que por siglos mantuvieron a las mujeres en cadenas y las degradaron a esclavas del hogar y objetos sexuales. La nueva mujer celebrada por la resurrección en la figura de Louise, es capaz de hazañas heroicas llenas de pasión y amor.